Seguidores

lunes, 1 de junio de 2009

PLEGARIA DE LOS HIJOS

No me des todo lo que pida. A veces yo sólo pido para ver hasta cuanto puedo obtener.

No me des siempre órdenes; si en vez de órdenes me pidieras las cosas, las haría más rápido y con más gusto.

Cumple las promesas malas o buenas. Si me prometes un premio; pero también si es un castigo.

No me compares con nadie, especialmente con mi hermano (a). Si tú me haces lucir peor que los demás entonces seré yo quien sufra.

No corrijas mis faltas delante de otros. Enséñame a mejorar cuando estemos solos.

No me grites. Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también y yo no puedo hacerlo.

Déjame valerme por mi mismo. Si tú haces todo por mi, nunca aprenderé.

No digas mentiras en mí delante, ni las pida que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices.

Cuando haga algo malo no me exijas que te diga “el porqué” lo hice. A veces ni yo mismo lo se.

Cuando estés equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que tengo de ti y me enseñarás a admitir también mis equivocaciones.

No me digas que haga una cosa si tú no lo haces. Aprenderé y haré siempre lo que tu hagas, aunque no lo digas, pero nunca lo que tú digas y no lo hagas.

Enséñame a conocer y amar a DIOS; pero de nada vale si veo que ustedes no conocen ni aman a DIOS.

Cuando te cuente un problema mío no me digas: “no tengo tiempo para boberías” o “eso no tiene importancia”, trata de comprenderme y ayudarme, quiéreme y dímelo. Me gusta oírtelo decir, aunque no creas necesario decírmelo.